Psicopompas:
Marea
Nudo ha salido del microfilm coloreado, en blanco y negro su atuendo: incluso para mí es demasiado moderna. Has aprovechado su ausencia para robarme la mano: tu lengua charlaba con mi anular: mi alianza de carne preferida: "¡Las manos más preciosas del mundo!".
En ese momento, en este mi oído, sólo presto atención a los movimientos de Nudo en la cocina, peleando de nuevo con Moira. Sólo le presto atención a ella, porque a tus mentiras pronto me acostumbro, ya sabes, pronto dejo de trabajar en su creencia, para integrarlas en mi vida. Mezclo herrumbre y oxigeno, sueños y realidades. Cómo los maullidos que nos acunan a uno en manos del otro, como el celo que nos encadena.
Con el ceño fruncido Moira entra en nuestro decorado: ya ha vuelto a perder algo. Las paredes de cartón piedra no ahorran el abrir puertas, pero sí te permiten ver a través de los pensamientos si levantas bien la nariz. Antes de que Moira fije en nosotros su atención, con su eterna suspicacia, escondo las manos tras tu espalda, entre tus muslos y también bajo el libro abierto y abandonado. Moira no soporta estas demostraciones de recuerdo en las que nos entretenemos últimamente. Ella sabe lo poco que dura el amor, de la inconstancia de mis insulsos quereres. Pero nunca ha pensado que el recuerdo es tan infinito como ella. La eternidad quita mucha perspectiva.
Pero yo no se lo diré.
¡No encuentro los hilos de bordar! --dice arrastrando la seda prendida en el bastidor por el suelo de tierra polvorienta.
Tenemos que rociar de nuevo--dice Nudo desde la estancia paralela olisqueando la tela sucia y los remolinos de polvo -- La tierra se subleva siempre que no es mar: no es apisonar y olvidar. Hay que hacerlo una y otra vez, no dejar nunca de pisarla, no dejar que vuelva a levantarse. Menos mal que aun me queda un poco de agua bendita y del carmen. La mezclaré con un poco de alcohol y rezos: mano de santo y pata de olvido.
La sonrisa de Nudo flota por encima de nuestras cabezas mientras yo retiro la película de la cámara, que me deslumbra alternando números y relámpagos de vida luz ¿Cuándo dejará de creer que es un gato risueño y fumador? Sus rayas invisibles asustan a las visitas. Yo misma me amedrento al verme reflejada en el guiño de príncipe azul que refleja su colmillo derecho. Tú no te asustas, nunca pareces asustado, porque sólo piensas en mí y yo tengo miedo por los dos. A tientas investigas la largura de mis muslos, que rodean tu cintura y te atan a mi cadera. Nunca te ha importado pisarme cuando hemos bailado la danza de mis huesos. Suspiro sudor en tu alejamiento y en mi placer, entonces me huelo como el aire salitre y despierto del todo a la tierra inquieta. He manchado con este viento inquieto a Moira y a su sucia seda con ganas de punto cruz.
Marea, levanta, hay que evitar que nos sofoque tanta partícula. Alcánzame el pozal y ayúdame a rociar -- me dice con la mirada fija en mi húmeda mano oculta—
¿Y tus hilos?--pregunto atenta a evitar todo trabajo que suponga alejarme de ti.
Con mis tijeras -- dice la Otra, mientras está pero no está-- No puedo bordar cuando estoy fumando-- burbujea Nudo entre pompas de humo rojo carmesí-- Tendré que elegir. Mientras lo pienso, habrá que esperar.
Dejo de escucharlas cuando pelean por las tijeras, que llevo escondidas junto a los hilos de colores en el alma alfiletero y te sonrío, traviesa, cuando desaparecemos. Y antes de que seamos físicos, somos química y siento mi pecho henchirse ante tus caricias y se aviva la hoguera que siempre arde en mi interior. Tengo una llama perenne, sin otoños y sin hojas perdidas. Sé que Nudo y Moira olerán como me afectan las medias lunas de tus dedos, y mi nombre en tu boca:" Marea, Marea, Marea" --creciendo y decreciendo-- les hará dudar al cortar. O peor todavía, tal vez incluso se les escape un poco de Mal, en el nuevo bordado. O todavía más aberrante, pueden excederse con el Bien...Sin embargo, mientras te saboreo, no me preocupo,
¿ acaso no soy La que da vida?.
Nudo ha salido del microfilm coloreado, en blanco y negro su atuendo: incluso para mí es demasiado moderna. Has aprovechado su ausencia para robarme la mano: tu lengua charlaba con mi anular: mi alianza de carne preferida: "¡Las manos más preciosas del mundo!".
En ese momento, en este mi oído, sólo presto atención a los movimientos de Nudo en la cocina, peleando de nuevo con Moira. Sólo le presto atención a ella, porque a tus mentiras pronto me acostumbro, ya sabes, pronto dejo de trabajar en su creencia, para integrarlas en mi vida. Mezclo herrumbre y oxigeno, sueños y realidades. Cómo los maullidos que nos acunan a uno en manos del otro, como el celo que nos encadena.
Con el ceño fruncido Moira entra en nuestro decorado: ya ha vuelto a perder algo. Las paredes de cartón piedra no ahorran el abrir puertas, pero sí te permiten ver a través de los pensamientos si levantas bien la nariz. Antes de que Moira fije en nosotros su atención, con su eterna suspicacia, escondo las manos tras tu espalda, entre tus muslos y también bajo el libro abierto y abandonado. Moira no soporta estas demostraciones de recuerdo en las que nos entretenemos últimamente. Ella sabe lo poco que dura el amor, de la inconstancia de mis insulsos quereres. Pero nunca ha pensado que el recuerdo es tan infinito como ella. La eternidad quita mucha perspectiva.
Pero yo no se lo diré.
¡No encuentro los hilos de bordar! --dice arrastrando la seda prendida en el bastidor por el suelo de tierra polvorienta.
Tenemos que rociar de nuevo--dice Nudo desde la estancia paralela olisqueando la tela sucia y los remolinos de polvo -- La tierra se subleva siempre que no es mar: no es apisonar y olvidar. Hay que hacerlo una y otra vez, no dejar nunca de pisarla, no dejar que vuelva a levantarse. Menos mal que aun me queda un poco de agua bendita y del carmen. La mezclaré con un poco de alcohol y rezos: mano de santo y pata de olvido.
La sonrisa de Nudo flota por encima de nuestras cabezas mientras yo retiro la película de la cámara, que me deslumbra alternando números y relámpagos de vida luz ¿Cuándo dejará de creer que es un gato risueño y fumador? Sus rayas invisibles asustan a las visitas. Yo misma me amedrento al verme reflejada en el guiño de príncipe azul que refleja su colmillo derecho. Tú no te asustas, nunca pareces asustado, porque sólo piensas en mí y yo tengo miedo por los dos. A tientas investigas la largura de mis muslos, que rodean tu cintura y te atan a mi cadera. Nunca te ha importado pisarme cuando hemos bailado la danza de mis huesos. Suspiro sudor en tu alejamiento y en mi placer, entonces me huelo como el aire salitre y despierto del todo a la tierra inquieta. He manchado con este viento inquieto a Moira y a su sucia seda con ganas de punto cruz.
Marea, levanta, hay que evitar que nos sofoque tanta partícula. Alcánzame el pozal y ayúdame a rociar -- me dice con la mirada fija en mi húmeda mano oculta—
¿Y tus hilos?--pregunto atenta a evitar todo trabajo que suponga alejarme de ti.
Con mis tijeras -- dice la Otra, mientras está pero no está-- No puedo bordar cuando estoy fumando-- burbujea Nudo entre pompas de humo rojo carmesí-- Tendré que elegir. Mientras lo pienso, habrá que esperar.
Dejo de escucharlas cuando pelean por las tijeras, que llevo escondidas junto a los hilos de colores en el alma alfiletero y te sonrío, traviesa, cuando desaparecemos. Y antes de que seamos físicos, somos química y siento mi pecho henchirse ante tus caricias y se aviva la hoguera que siempre arde en mi interior. Tengo una llama perenne, sin otoños y sin hojas perdidas. Sé que Nudo y Moira olerán como me afectan las medias lunas de tus dedos, y mi nombre en tu boca:" Marea, Marea, Marea" --creciendo y decreciendo-- les hará dudar al cortar. O peor todavía, tal vez incluso se les escape un poco de Mal, en el nuevo bordado. O todavía más aberrante, pueden excederse con el Bien...Sin embargo, mientras te saboreo, no me preocupo,
¿ acaso no soy La que da vida?.
